La verdad sobre los mitos comunes del COVID-19 y la gripe

La información médica incorrecta puede propagarse como un virus por el internet con más rapidez que un terrible catarro o resfriado. Y a medida que evoluciona la pandemia del COVID-19 y la investigación relativa a la misma, seguimos aprendiendo información nueva sobre este virus, lo cual dificulta que se puedan diferenciar los hechos de la ficción. Esa confusión, unida a los mitos comunes que aún existen sobre la gripe estacional, puede dar paso a que las personas tomen decisiones médicas poco aconsejables. A continuación se indican los hechos sobre algunos de los mitos comunes del COVID-19 y la gripe:

MITO: El COVID-19 está subestimado — no es peor que la gripe estacional.

Realidad: Si bien es verdad que algunas personas pueden desarrollar un caso leve de COVID-19 o no mostrar ningún síntoma, este virus se propaga con más rapidez que la gripe estacional y se cree que tiene una tasa de mortalidad mayor. En un año normal, mueren entre 20,000 y 30,000 americanos debido a la gripe. Desde mediados de julio del 2020, cerca de 140,000 americanos han muerto debido al COVID-19 — esta cifra es mayor que el número de americanos fallecidos en la Guerra de Vietnam o la Primera Guerra Mundial. Dicho esto, tampoco debemos desestimar el riesgo de la gripe estacional: Mata a niños y adultos saludables todos los años. También es posible contraer ambos, el COVID-19 y la gripe, al mismo tiempo, lo cual podría tener consecuencias más graves. Por lo tanto, vacúnese contra la gripe y hágalo pronto.

MITO: Soy joven y estoy sano(a), por lo tanto no tengo que preocuparme de enfermar gravemente debido a la gripe o el COVID.

Realidad: El COVID-19 sigue siendo más mortal en personas mayores de 85 años y en aquellas con condiciones médicas subyacentes. Pero las personas más jóvenes aún están en peligro de contraerlo: Aproximadamente el 20 por ciento del número total de muertes por COVID-19 se ha producido en pacientes menores de 65 años, y un número incluso mayor de supervivientes presentó un cuadro lo suficientemente grave como para requerir la hospitalización. Un informe presentado en mayo del 2020 por los Centros para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC en inglés) indicó que una cuarta parte de los pacientes que fueron hospitalizados debido al COVID-19 en el estado de Georgia no se consideraban de alto riesgo debido a su edad o a una condición médica subyacente. Además, muchos de los pacientes que se han recuperado del COVID-19 sufren daño a largo plazo debido a la enfermedad. Y en los meses recientes, se ha informado del aumento a nivel nacional de los casos de COVID-19 en personas de veinte, treinta y cuarenta y picos años, lo cual ha exacerbado la propagación del virus en la comunidad y ha reducido el promedio de edad de aquellos que se han infectado.

Aunque las personas muy jóvenes y las muy mayores tienen más riesgo de morir a causa de la gripe estacional, ésta también mata a personas saludables todos los años. E incluso si no se enferma gravemente, usted podría ser responsable de transmitirle el virus a otra persona que quizá no sea tan afortunada como usted. Independientemente de la edad que tenga, usted debe evitar la exposición al virus y tomar precauciones, incluyendo recibir la vacuna antigripal, para protegerse a sí mismo y a aquellos que le rodean.

MITO: Ya hay medicamentos adecuados para tratar el COVID-19.

Realidad: Aunque los investigadores y profesionales médicos a lo largo del mundo y en UW Health siguen trabajando frenéticamente para desarrollar una vacuna y tratamientos nuevos, aún no existen tratamientos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) para prevenir o curar el COVID-19. El tratamiento de las personas gravemente enfermas consiste en el uso de oxígeno, tecnologías de respiración asistida y la atención estándar que reciben habitualmente los pacientes con neumonía. 

Anteriormente, se sugirió el uso de los medicamentos para tratar la malaria, cloroquina e hidroxicloroquina, como tratamientos para el COVID-19, pero estos medicamentos pueden presentar riesgos (un hombre de Arizona falleció tras ingerir una versión de cloroquina utilizada para matar parásitos en peces de acuario), y la información sobre su efectividad ha sido limitada y contradictoria. El medicamento antiviral en fase experimental, Remdesivir, ha mostrado ser prometedor como tratamiento para los pacientes del COVID-19 que necesitan oxígeno complementario, pero sigue bajo investigación. Los Centros para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos cuentan con información más detallada sobre el estado actual de los medicamentos que se están evaluando para tratar esta condición.

MITO: Los remedios caseros pueden prevenir o curar el COVID-19.

Realidad: Lamentablemente no hay evidencia que demuestre que el ajo, el cloro, el agua tibia, el jugo de limón o las dosis súper altas de vitaminas puedan  prevenir que contraiga este virus. Lo mejor que puede hacer para prevenir la  exposición al virus es evitar el contacto cercano con otras personas, usar una mascarilla en áreas públicas y mantener hábitos de higiene adecuados (su madre tenía razón: ¡lávese las manos!). El CDC informa sobre estos métodos comprobados y eficaces para protegerse a usted mismo y a otras personas del COVID-19 y otros virus respiratorios.

MITO: El virus del COVID-19 fue creado por humanos de forma deliberada.

Realidad: El COVID-19 tiene las características de una enfermedad zoonótica, una que se presenta en animales y es luego transmitida a los humanos. Sin embargo, han surgido teorías conspiratorias que van de la idea de que el COVID-19 fue creado en un laboratorio de guerra biológica a la teoría de que se produce y se propaga a través de tecnología 5G. Un estudio genético realizado por un equipo de investigadores internacionales que se publicó el 17 de marzo en la prestigiosa revista Nature desacredita la idea de que el virus fue creado en un laboratorio. Estos investigadores estudiaron las proteínas de “espiga” que derivan del virus, las cuales se asemejan a coronas (de ahí su nombre “coronavirus”). Estas espigas en forma de corona también hacen que la enfermedad sea sumamente infecciosa debido a que se aferran a las células humana y las parten, inyectándoles el virus.

Los investigadores descubrieron que las espigas compartían secuencias genéticas con el coronavirus ya conocido en murciélagos y pangolines; ambos animales se encuentran en los mercados de animales vivos de China. Según los autores, si el COVID-19 hubiera sido “diseñado” para infectar a los seres humanos, los científicos habrían utilizado una “cadena” conocida por causar enfermedades humanas, y no una que se encuentra en animales. 

MITO: Es mejor exponerse intencionalmente al COVID para que así podamos desarrollar inmunidad colectiva.

Realidad: La inmunidad colectiva es una pieza importante en la prevención de la enfermedad, pero ésta normalmente se consigue a través de una vacuna. Sin una vacuna, tanto como el 70% de la población necesitaría estar infectada con COVID-19 para alcanzar la inmunidad colectiva, llevándonos así a devastadores índices de mortalidad más allá de los que ya hemos visto. Tampoco está muy claro cuánto tiempo pueden durar los anticuerpos del COVID-19 o que tanto pueden prevenir las reinfecciones. Hasta que haya una vacuna efectiva, la prevención de la enfermedad a través de las medidas de distanciamiento social e higiene es la alternativa más segura y práctica.

MITO: El número de casos de COVID-19 es muy exagerado. Las muertes por otras razones, se le han atribuido al COVID-19, o el aumento en el número de casos se debe al aumento en las pruebas.

Realidad: Los expertos de Salud Pública creen que, en realidad, los casos de COVID-19 no han sido contados en su totalidad debido a la falta de pruebas al principio. Y aun cuando las pruebas han aumentado significativamente, el aumento en casos positivos ha sobrepasado el aumento en el número de pruebas. Es más posible que la tasa de aumento de la infección esté relacionada con el hecho de que los estados han relajado las ordenes de permanecer en casa y que más personas están ignorando las recomendaciones de distanciamiento social. Si usted encuentra una teoría conspiratoria circulando en las redes sociales o a través de la familia o amigos, considere las fuentes y revise los datos (vea: “Cómo diferenciar los datos médicos de los ficticios”).

MITO: Los Hospitales y Clínicas no son seguros en estos momentos.

Realidad: Es entendible que se sienta nervioso de ir a un hospital o una clínica durante la pandemia, pero las instalaciones médicas están tomando precauciones para mantener seguros a los pacientes y al personal. Evitar o postponer la atención médica necesaria también tiene sus propios riesgos.  Si usted tiene alguna preocupación médica o ya es tiempo para que le revisen, llame a su médico primario. En algunos casos, usted podría realizar una cita por video a través de UW Health Care Anywhere. Conozca más acerca de cómo está UW Health manteniendo seguros a sus pacientes.  

MITO: Usted debe desinfectar a fondo todos sus alimentos incluyendo los productos frescos.

Realidad: Durante los inicios del brote de COVID-19, hubo más enfoque en la transmisión a través de superficies. Aun cuando el virus puede permanecer en superficies por periodos cortos, se cree que el método principal de transmisión del virus es a través de contacto directo de persona a persona. De todas formas, es una buena idea lavar y/o desinfectar sus manos antes y después de ir a la tienda, después de desempacar los alimentos y antes de preparar comidas o comer.  

Usted puede enjuagar los alimentos frescos en agua fría; no lave las frutas o verduras con soluciones que contengan lejía, detergente o jabón. La lejía en particular es peligrosa si se usa para lavar los alimentos, aun en soluciones altamente diluidas. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) también desaconseja el uso de detergentes o jabón para lavar las frutas y verduras, lo cual puede causar irritación estomacal leve con nauseas, vómitos, diarrea o dolor abdominal.  

MITO: La vacuna contra la gripe puede producirle gripe (flu en inglés).

Realidad: Es imposible que le de gripe a raíz de la vacuna contra la gripe porque los virus en la inyección están muertos y no pueden causar enfermedad. El espray nasal es un poco diferente; los virus en el espray nasal están debilitados pero no están muertos. Las personas que reciben el espray nasal pueden desarrollar un poco de dolor de garganta o dolor de cabeza después de ser vacunados, pero no llegarán a tener la gripe en pleno.  

MITO: La vacuna contra la gripe no siempre funciona así que no vale la pena recibirla.

Realidad: Existen cuatro cepas de gripe prominentes que afectan a los humanos: dos cepas de influenza A y dos cepas de influenza B. Típicamente, la vacuna cubre tres de las cuatro, basado en investigaciones y proyecciones acerca de cuáles cepas se espera que circulen esa temporada. Sin embargo, el virus de la gripe se transforma constantemente, por lo cual algunos años la vacuna pudiese ofrecer mejor cobertura que otros.

La vacuna de este año debe ser más efectiva que nunca porque cubrirá todas las cuatro cepas principales. Además, la protección parcial es mejor que ninguna protección. Si usted termina con gripe a pesar de todo, el estar vacunado puede hacer que su gripe sea menos severa. Y considerando que la gripe mata entre 20,000 a 30,000 personas anualmente, incluyendo a personas sanas, es mejor no correr el riesgo.

MITO: Es mejor esperar que recibir la vacuna de la gripe muy temprano.

Realidad: La temporada de la gripe puede empezar mucho antes de lo que usted piensa; algunos casos pueden aun circular durante el verano, y en años pasados, Wisconsin ha visto brotes masivos en Octubre. Aun cuando es cierto que la inmunidad desaparece con el tiempo, especialmente en los pacientes con más edad, es mejor protegerse temprano y tener al menos una protección parcial más adelante que entrar a la temporada de gripe sin estar protegido.

Las personas de 65 años o más o aquellos que tengan sistemas inmunológicos debilitados, deben preguntar acerca de la versión de alta potencia de la vacuna, la cual estimula una respuesta inmunológica mejor y más duradera para este tipo de personas.

Cómo diferenciar los datos médicos de los ficticios

  • Considere la fuente. No crea todo lo que ve en los medios sociales, lo que escuche del vecino o lo que lea en las noticias de fuentes partidistas.
  • Revise la información. Si algo suena muy bien para ser cierto o le suena raro, revise con fuentes confiables como los Centros para Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, La Organización Mundial de la Salud, su departamento de salud estatal y el consultorio de su doctor o sistema médico.
  • Deténgase antes de compartir. Sea parte de la solución y no comparta ni reenvíe información antes que sepa si viene de una fuente correcta y confiable.